Agua fría, jabón neutro y una regla que casi nadie cumple; nunca la cuelgues mojada.

El satín pintado a mano no se comporta como el satín comprado por metro: el pigmento queda en la superficie de la fibra, no diluido en ella. Eso lo hace más sensible, pero también más fácil de cuidar si sigues tres reglas.
Agua fría, siempre. El agua tibia o caliente abre la fibra y arrastra pigmento con cada lavado. Fría, el color se queda donde lo pinté.
Jabón neutro, poca cantidad. Cualquier detergente con blanqueador o perfume fuerte reacciona con los pigmentos naturales. Un jabón neutro, unas gotas, es suficiente.
Nunca la cuelgues mojada. El peso del agua estira el satín de forma irregular. Extiéndela sobre una toalla limpia, en plano, lejos del sol directo, y déjala secar así.
Si sigues esto, la pañoleta te va a durar por años, con los colores intactos.