El amarillo no es alegría y el morado no es tristeza. Lo que el cuerpo reconoce es otra cosa.

Cuando alguien ve un cuadro amarillo, casi siempre dice lo mismo: "qué alegre". Y tiene razón, pero no del todo. El color no comunica una emoción fija; abre una puerta, y lo que entra por ahí depende de quien mira.
Trabajo con una paleta reducida a propósito: charcoal, amarillo vibrante, teal, morado profundo. No son decisión estética solamente — cada uno se eligió por cómo reacciona el cuerpo al verlo, no por lo que "significa" en una lista de significados.
El teal, por ejemplo, casi nunca se lee como triste ni como alegre. Se lee como pausa. Es el color que uso cuando la pieza necesita respirar antes de llegar al centro.
Alta vibración no es un estado de ánimo que se pinta. Es una frecuencia que se intenta sostener el tiempo suficiente para que la obra no se apague cuando sale del taller.